Los Trastornos del Comportamiento Alimentario (TCA) son trastornos psiquiátricos de carácter multidimensional, de difícil tratamiento y alta cronicidad, que se inician en la adolescencia especialmente en niñas y con cada vez más casos que requieren hospitalización al estar comprometida gravemente la salud e incluso la vida.

La Anorexia Nerviosa es un trastorno de complicado tratamiento, con un porcentaje alto de cronificación. En este sentido, los tratamientos actuales consiguen mejorías que no superan el 70% de las pacientes y de estas, alrededor del 20% mantienen síntomas que las hacen muy vulnerables a las recaídas. El 25-30% restante sigue un curso crónico y las pacientes permanecen atrapadas en la patología, lo que supone un gran coste personal, social y económico. Por ello, un reto importante es identificar biomarcadores que detecten el inicio temprano de la enfermedad, permitan un seguimiento y sirvan para pronosticar el curso de la enfermedad.

La Anorexia Nerviosa se caracteriza por un elevado nivel de estrés, tanto fisiológico como psicológico, que genera respuestas fisiológicas y conductuales. El estrés crónico que conlleva una dieta restrictiva autoimpuesta, ha sido relacionado con la hiperactivación del eje Hipotalámico-Hipofisario-Adrenal (HHA), principal sistema neuroendocrino que participa en las respuestas fisiológicas al estrés, aumentando los niveles de cortisol y dehidroepiandrosterona (DHEA) en sangre. En particular, se considera al cortisol como la hormona del estrés.

En individuos sanos, la secreción de cortisol sigue un ritmo circadiano constante y reproducible, con un pico en las primeras horas de la mañana (30-45 min después del despertar), en lo que se ha denominado “respuesta del cortisol al despertar” (RCD). El valor del RCD es utilizado en neuropsicoendocrinología como un indicador de la actividad del eje HHA. Este pico de cortisol parece estar diferencialmente afectado y regulado con respecto al resto del día, presentando cambios relacionados con situaciones no saludables, independientemente de los valores globales de cortisol. Por tanto, el valor RCD podría tener valor diagnóstico y pronóstico, como muestran algunos estudios en pacientes con cáncer. En estos estudios, la desregulación del eje representado por los valores de RCD se vincula con un mal pronóstico.

Los individuos con anorexia nerviosa presentan un nivel alto de estrés, que se refleja tanto en la aparición de hipercortisolemia como en alteraciones de la RCD, tanto en mujeres adultas como en adolescentes. Sin embargo, existen discrepancias acerca de la conservación o no del ritmo circadiano y el posible valor pronóstico del RCD no ha sido confirmado en la anorexia nerviosa. Por otro lado, los estudios sobre el funcionamiento del eje HHA en respuesta a la situación de estrés en adolescentes hospitalizadas, son escasos en nuestro país.

Un equipo de investigadores de la Universidad Europea de Madrid ha sido financiado para realizar, en colaboración con el Hospital Universitario Infantil Niño Jesús (Madrid), un estudio longitudinal en el que de forma novedosa se monitorizarán los cambios en los niveles y ritmos circadianos de secreción de cortisol durante la hospitalización de adolescentes con anorexia nerviosa, persiguiendo correlacionar el proceso de recuperación hospitalaria con la recuperación de valores y perfiles de secreción normales del cortisol. Además del seguimiento, el estudio propone profundizar sobre si el valor del RCD puede tener valor pronóstico sobre las recaídas a medio plazo. Para ello, se analizarán los valores de secreción de cortisol seis meses después de la fase de hospitalización y se correlacionarán un año después con factores de buen pronóstico como son el aumento en el Indice de Masa Corporal, recuperación de la menstruación y normalización de los valores psicométricos relacionados con la ansiedad  Finalmente, el estudio propone seguimientos grupales e individuales para conocer en detalle la evolución individual de las adolescentes. Creemos que adquirir conocimiento sobre biomarcadores como factores pronóstico de esta enfermedad es relevante, habida cuenta que en la actualidad la incidencia de la Anorexia Nerviosa está aumentando en la población adolescente, suponiendo un gran sufrimiento personal y familiar, así como un problema de salud pública.

Dra. María José Blanco Fernández de Valderrrama

Investigadora Principal Proyecto

Universidad Europea de Madrid

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