Los edulcorantes artificiales podrían ser considerados, en principio, una alternativa saludable para las personas con problemas de sobrepeso o afectadas por enfermedades como el síndrome metabólico o la diabetes. Sin embargo, resultados de diferentes estudios parecen indicar que el consumo regular de edulcorantes artificiales podría de hecho favorecer, más que combatir, el sobrepeso y la diabetes tipo II.

En estudios a gran escala y a largo plazo realizados en la Universidad de San Antonio en Texas se observó que había una correlación positiva entre el consumo de refrescos con edulcorantes artificiales y el aumento del índice de masa corporal, así como el aumento del perímetro abdominal. En concreto, aquellas personas que bebían habitualmente refrescos con edulcorantes mostraban un aumento del perímetro abdominal que era un 178% mayor que los que no consumían este tipo de bebidas. La relación entre las dos variables mostraba un comportamiento dosis dependiente, de forma que aquellas personas que consumían dos o más bebidas edulcoradas al día presentaron un aumento de la circunferencia abdominal que era un 500% mayor que en los no consumidores. La acumulación de grasa en la zona abdominal es uno de los principales factores de riesgo relacionados con la enfermedad cardiovascular, el cáncer y otras enfermedades crónicas como la diabetes.

En otro estudio realizado por la misma institución los autores investigaron los efectos de la ingesta de aspartamo, uno de los edulcorantes artificiales más utilizados en la industria alimentaria, en ratones propensos a padecer diabetes. Los ratones fueron divididos en dos grupos, a un grupo se le administró una dieta rica en grasas y al otro la misma dieta pero además dosis elevadas de aspartamo. Al final de los tres meses de estudio el grupo de ratones al que se le administró el edulcorante mostró niveles de glucosa en sangre en ayunas que eran un 37% más elevados que en el grupo control.

Aunque hasta la fecha no se han identificado los mecanismos que podrían explicar la relación entre el consumo de edulcorantes artificiales y el sobrepeso o la diabetes, sí que hay planteadas algunas hipótesis de trabajo sustentadas en bases teóricas sólidas. En este sentido, parece lógico pensar que los edulcorantes artificiales, la mayoría de los cuales son varios cientos de veces más dulces que el azúcar, puedan aumentar nuestro deseo de ingerir mayor cantidad de alimentos más dulces. Tampoco parece descabellado pensar que las personas que consumen habitualmente alimentos con edulcorantes artificiales puedan subestimar la cantidad de calorías que ingieren y así consumir más calorías a lo largo del día. Hay autores que plantean la posibilidad de que los edulcorantes artificiales podrían alterar de alguna forma procesos metabólicos.

No es fácil aislar el mecanismo responsable de la relación observada entre ingesta de edulcorantes y alteraciones metabólicas. Entre otras razones, porque el número de edulcorantes en el mercado es elevado y no hace sino aumentar. Cada uno de ellos tiene su propia estructura química y la forma en que cada uno de ellos es digerido y absorbido es diferente. Los resultados de algunos estudios parecen sugerir que los edulcorantes artificiales, en general, podrían aumentar el deseo de ingerir alimentos dulces. A este respecto parece pertinente referirse a los mecanismos que regulan el apetito. El sistema de recompensa activado por la comida implica dos mecanismos: sensorial y postingestivo. El componente postingestivo parece estar relacionado con la composición de los alimentos. Hay un número creciente de estudios en los que se recogen evidencias de que los edulcorantes artificiales no activan el mecanismo de recompensa asociado a la comida de igual forma que los edulcorantes naturales, de forma que la ausencia de calorías eliminaría el componente postingestivo del sistema de recompensa.  En este sentido, en estudios con resonancia magnética en humanos no obesos se observó que la ingesta de glucosa estuvo asociada a una disminución prolongada de la activación del hipotálamo. Esta respuesta no se observó después de la ingesta de sucralosa (edulcorante artificial comercializado con diferentes nombres comerciales).

 Estos resultados parecen apoyar la hipótesis de que los edulcorantes disociados de aporte calórico resultan en una activación parcial, incompleta, de los mecanismos de recompensa activados por la comida, lo que podría contribuir a la obesidad al reforzar los estímulos asociados a la ingesta de alimentos.

Además, parece que los edulcorantes, precisamente debido a su sabor dulce, refuerzan el deseo de comer azúcar. La exposición repetida a un sabor condiciona las preferencias, de forma que hay una correlación significativa entre la ingesta habitual de alimentos con un determinado sabor y el nivel de preferencia por ese sabor. En este sentido se ha observado, por ejemplo, que la reducción sistemática de sal o grasa en la dieta durante varias semanas dio lugar a una menor ingesta de ese tipo de nutrientes. Estos resultados podrían estar indicando que, para reducir el exceso de la ingesta de azúcar y los efectos perjudiciales asociados, quizás habría que reducir la ingesta de edulcorantes en la dieta.

REFERENCIAS

  1. Fowler SP; Williams K; Resendez RG; Hunt KJ; Hazuda HP; Stern MP. Fueling the obesity epidemic? Artificially sweetened beverage use and long-term weight gain. Obesity 2008; 16(8): 1894-900
  2. Lowen T. Sweet debate: do artificial sweeteners contribute to rather than combat obesity?. Minn Med 2011; 94(8): 20-3
  3. Smeets PA; de Graaf C; Stafleu A; van Osch MJ; van der Grond J. Functional magnetic resonance imaging of human hypothalamic responses to sweet taste and calories. Am J Clin Nutr 2005; 82 (5): 1011-6
  4. Yang Q, Gain weight by “going diet?” Artificial sweeteners and the neurobiology of sugar cravings. Yale J Biol Med 2010; 83(2): 101-8

  Dr. Javier Pardo Gil. Profesor Titular de Fisiología Humana y del Ejercicio. Universidad Europea de Madrid.

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